El Observador, 12-8-2010A UNA MUJER SU MARIDO LE MUTILÓ LA NARIZ Y LAS OREJAS POR HUIR DEL HOGAR; SOBRE OTRA PENDE UNA CONDENA DE LAPIDACIÓN POR RELACIONES SEXUALES “ILÍCITAS”Cuando la barbarie es leyUna mujer afgana y otra iraní activaron la reacción mundial contra el extremismo musulmánLapidación. A la mujer se la entierra hasta el pecho, al hombre hasta los hombrosProcedimiento legalClavesAisha Bibi y Sakineh Mohammadi Ashtiani son mujeres musulmanas. Una afgana, la otra iraní. Ambas, presas de la arbitrariedad, la misoginia, el desprecio hacia los derechos de las mujeres, y de sociedades que entienden el islam en su interpretación más violenta y radical. Las dos se han convertido en el símbolo de la resistencia occidental pero también de sectores moderados de sus países, que entienden que la fe musulmana está mucho más allá de la tortura y el terror. Y protagonistas, a su pesar, de una discusión sobre el verdadero alcance de los derechos humanos y de las guerras por las cuales se pelea hoy en el mundo.Mutilada. El caso de Aisha saltó a la palestra hace pocas semanas, cuando su cara desfigurada fue portada de la revista Time. Allí se contaba como la chica, de 18 años, fue mutilada por su esposo, que le cortó las orejas y la nariz como castigo a su “humillación”. Casada contra su voluntad y por un acuerdo entre clanes familiares –como es práctica habitual en su país–, fue recluida en un establo y tratada como esclava de la familia, mientras su esposo estaba fuera por varios meses.Aisha escapó, pero su esposo la encontró y cumplió el código de conducta impuesto por los talibanes, que siguen siendo influyentes en la zona a pesar de la ofensiva de EEUU.Así, su marido la mutiló sin miramientos, para luego dejarla abandonada, suponiendo que moriría desangrada. Aisha logró sobrevivir y, tras ser rescatada por su abuelo, llegó hasta Kabul, donde fue ingresada a un refugio de una ONG de defensa de los derechos de las mujeres.Debate. Esta semana, Aisha llegó a California, donde será operada para reconstruirle su nariz y orejas. Mientras tanto, en EEUU se lanzaba el debate ante lo que planteaba la nota de Time, que incluía el título: “Lo que pasará si nos retiramos de Afganistán”. Varias ONG acusaron a la revista de “pornografía bélica” , y de intentar una jugada política con el drama de la mujer, mientras otros grupos –incluido el que rescató a Aisha– defendieron la tapa como forma de que el mundo conozca la brutalidad imperante en muchas regiones rurales de Afganistán donde los talibanes siguen teniendo poder, e interpretan el Corán a su antojo.Aun más: denuncian que tras la aparente liberalización del gobierno del primer ministro Hamid Karzai se esconde una misoginia que llevó a incumplir la promesa de integrar a varias mujeres en su gabinete. Y que cuando se habla de la retirada de EEUU, y de un acuerdo de reconciliación que incluya a los talibanes, lo que les espera a las mujeres una vez que EEUU abandone Afganistán es la vuelta del terror.Pero también es cierto que, aunque es una de las mayores banderas de la secretaria de Estado Hillary Clinton, los derechos de las mujeres no fueron prioridad de EEUU en la lucha contra el terrorismo, y la violencia contra ellas seguirá siendo un triste legado cuando las tropas internacionales dejen a Afganistán como país soberano.Pero el tema le pesa a EEUU. “No podemos considerarnos una sociedad moral y mirar para otro lado ante estos casos, o darle poder a los abusadores”, aseguró el analista David Rothkopf, del Washington Post. “Nuestros objetivos geopolíticos en Medio Oriente no son más importantes que los derechos de las mujeres, donde quiera que sea. Pelear contra el terror no es mejor que la obligación con estas mujeres. Y ningún gobierno que en nombre de principios religiosos promueva el abuso merece ser tolerado”, agregó.Morir a pedradas. La otra historia es más conocida, porque desde hace meses Sakineh Mohammadi Ashtiani es protagonista de la campaña de Amnistía Internacional y otras organizaciones sociales para evitar su muerte.Tiene 43 años, y fue atrapada hace cinco, acusada de “mantener relaciones ilícitas” con dos hombres, y de asesinar a su marido. Fue absuelta del segundo delito; el primero se ratificó luego que confesara tras los 99 latigazos, algo de lo que luego, lógicamente, se arrepintió. Así fue condenada a morir lapidada, en estricto cumplimiento del Código Penal iraní de 1983.La presión internacional ha sido enorme, al punto que, hace dos semanas, la Embajada de Irán en Gran Bretaña anunció que la condena por lapidación se suspendía, y Brasil se ofreció a interceder y darle asilo político. Sin embargo, los defensores de Sakineh afirmaron que no hay una decisión judicial expresa, por lo que está latente la ejecución.Por lo pronto, la condena a Sakineh tiene mucho de política. Por ejemplo, el director del Consejo Iraní de Derechos Humanos atacó a la “campaña internacional” creada en torno al caso, y defendió la lapidación como parte de la Constitución iraní, basada, según su punto de vista, en una “fijación” de Occidente a la cultura islámica.Pero, del otro lado, intelectuales y clérigos moderados sostienen que la lapidación no está incluida en los preceptos del islam. “No existe ninguna correlación entre la lapidación y los valores islámicos”, aseguró a El País de Madrid el ayatolá Mohammad Ebrahim Yannati. Incluso otros clérigos moderados, que participaron de las protestas contra la reelección de Mahmoud Ahmadinejad, sostienen que la lapidación entra en lo que el ayatolá Jomeini –líder de la revolución islámica– consideraba “principios secundarios”, de la fe musulmana, que pueden ser intepretables según el momento histórico.Pero claro, en momentos en que Teherán juega una pulseada contra EEUU, la ONU y todos quienes vengan detrás, cada gesto vale para demostrar que se es independiente. Aun si está en juego la tortura, la brutalidad y el propio nombre de la religión musulmana.
Cuando la barbarie es ley
12/Ago/2010
A UNA MUJER SU MARIDO LE MUTILÓ LA NARIZ Y LAS OREJAS POR HUIR DEL HOGAR; SOBRE OTRA PENDE UNA CONDENA DE LAPIDACIÓN POR RELACIONES SEXUALES “ILÍCITAS”